Correr es evadirte, poder olvidarte por un momento de los problemas, de las obligaciones y del mundo en sí. Con tus cascos, la música a todo volumen, y una carrera continua hacen que no puedas pensar en otra cosa y te sientas lleno de vitalidad y felicidad. Un buen remedio contra las depresiones, que mucha gente padece por no saber vivir la vida de una manera tranquila y sin preocuparse, dando las gracias y siendo amable.
Escribo sentado en una parada de autobús que se sitúa por una de las calles por las que yo suelo salir a correr, por las que lo único que quiero es poder terminar la ruta y no pensar en nada más. Toda la prole de personas que después me encontraré en ese momento me dan igual, y así me ayuda a que no me conciernan lo más mínimo a lo largo del día, incluso de la semana.
Camino pedregoso y lleno de curvas tan cerradas es la vida, que te enseñará unas veces a saber por quién debes luchar y por quién renunciar. Diatriba nada fácil, pero sin comerte la cabeza, sino el mundo, lo podrás conseguir. Corto, no obstante, bien ejecutado y sin titubeos, que corten mi tecleo.

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